Admito que tu mirada me hacía sentir extraña. Estábamos solos, era nuestro momento, lo sentía así.
Luego de una larga charla quisimos caminar, aceptando que mis pasos sigan los tuyos, y viceversa.
Mirando de vez en cuando hacía la izquierda, -si, pensarás que estoy loca, pero lo recuerdo perfectamente-
¿Qué más podríamos hacer más que charlar? ¡Claro! abrazarnos y dejar que nuestros labios se conozcan, tímidamente una y otra vez. Me dejaste sentir tu aroma, pero no necesitabas permiso para sentir el mio. [...]
No hay comentarios:
Publicar un comentario